jueves, 20 de enero de 2011

FUMADEROS

El humo es lo único que pulula con plena libertad.

Los responsables del orden todavía no han acabado con los grupos que se reúnen de día o de noche para beber en plena calle, y ahora, además, tendrán que ocuparse de los pobres fumadores, ateridos en rincones callejeros, casi clandestinos, donde dejan las toses, las colillas y sus malos humos.

La nueva ley antitabaco, que como tantas cosas palaciegas se ha hecho a plazos y mal, también ha quedado incompleta: no contempla la posible existencia de fumaderos. ¡Mecachis! ¿Dónde se toman sus güisquis los bebedores? ¿Dónde buscan la suerte los tahúres? ¿Dónde se juega a los bolos? O ¿dónde se practica el amor de pago? Cada actividad, cada vicio, tiene su escenario. Cuesta entender por qué los fumadores no tienen, como todos, su espacio.

Con esto se pone de manifiesto, otra vez, la ineficacia de esta ley y su contenido discriminatorio. Los legisladores podrían haber legalizado los fumaderos y, de paso, inventarse un canon especial para hacer caja. ¡Qué ineptos!

No han sabido preservar todos los derechos de los no fumadores, y encima coartan la libertad del que quiere fumar. En primer lugar, los que no fuman tienen que aguantar el parloteo de los fumadores en la calle a cualquier hora, la presencia del humo —el único que pulula con plena libertad— y el decorado que pintan las colillas por los suelos. A todo esto, a los del cigarro no se les facilitan las cosas para que puedan envenenarse a su gusto; eso si, sin molestar a nadie.

Quizá lo que pretende esta ley es que los fumadores dejen el tabaco y se libren de enfermedades y sufrimientos. Si es así, que se diga abiertamente y, en lugar de abrir fumaderos, que acaben con las tabacaleras y cierren los estancos. ¿Lo uno y lo otro? Las leyes no serán tan torpes, no; pero algún día…
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jueves, 13 de enero de 2011

LOS BANCOS INMOBILIARIOS

Hay casas que nadie las compra; otras, como esta, no se venden

Expreso mi agradecimiento más sincero a los lectores que se han acercado a estas páginas. María Eugenia Adame, de Almendralejo, muy interesada, me pide que explique “por qué los bancos afectados por el sector inmobiliario ofrecen panoramas peligrosos” (Ver Jueves, día 30-12-10). A ello voy.

Todos sabemos que el negocio inmobiliario fue el motor de la economía española durante muchos años. Se construyó tanto, que en algunas capitales de provincias hay ahora más viviendas que habitantes. Muchas de esas viviendas están sin vender. Los compradores se apartaron del mercado cuando empezó esta crisis que padecemos en medio mundo.

La mayoría de las construcciones estaban financiadas a 80/20: 80% con préstamos hipotecarios subrogables a largo plazo; el 20% restante lo aportaba la empresa promotora. Ésta recuperaría su dinero, más los beneficios, cuando vendiera y firmara las escrituras de compra-venta, y a partir de ese momento los compradores devolverían al banco el préstamo, más los intereses, mediante cuotas y plazo pactados.

Con las casas sin vender, las empresas implicadas no pueden recuperar su dinero y los bancos, tampoco; pero estos siempre cobran. En este caso, con los pisos. Así garantizan su inversión y no descubren los ratios de morosidad, síntoma de ineficacia. Bien, pero muy mal, porque con esto los banqueros han incorporado a sus activos el valor de las viviendas que financiaron, pero no tienen dinero; y así no pueden dar crédito ni hacer préstamos a empresas que han sido siempre productivas, y que ahora, por falta de la financiación que siempre tuvieron, están cerrando y dejando a sus trabajadores en paro. Un panorama, como decía, peligroso y desolador, ¿no?

Creo que me he explicado con suficiente claridad.


(C) Alejandro Pérez García

jueves, 6 de enero de 2011

ASÍ NO PODEMOS BRINDAR (y II)

Por chorizo - por difamador.

Brindamos en Nochevieja, sí, pero sólo fue un simulacro para no velar la alegría de los más jóvenes, que no ven la sequía económica y de valores en los campos yermos de nuestra sociedad. El año se fue entre rabietas. Bien se encargó él de rompernos antes las muñecas para que no aplaudiéramos.

Yo sigo con mi copa Laveguilla,  creación única de mi amigo el ribereño Epifanio García del Pozo, autor del libro La Armedilla. Un Monasterio Olvidado, a cuyas sombras sigo reflexionando sobre las noticias que me sorprendieron el otro día en la cadena donde trabaja Luís Balín (*).

 Saltó otra vez el nombre de un alto cargo político que, presuntamente, habría metido la mano en la caja pública. Después de varios meses desde los primeros rumores, nunca más se supo. Si lo presunto fue probado, lo justo es que el ratero vaya a la cárcel. Pero si todo quedó en un bulo, también es justo que el difamador pague por ello, y se diga.

 Otra: Cada vez hay más violencia de género. Las autoridades se preocupan de hacer leyes que castiguen al agresor. Nunca serán suficientes, mientras no analicen las causas de estos desmanes y acaben con ellos. Es un mal social que no se cura solo con condenas. Prevenir, mejor que curar.

 Hablando de leyes, llama la atención el vacío legal sobre los derechos de autor, centrado en la descarga cibernética de obras de arte, especialmente de música, que está dejando en la miseria a compositores y empresas relacionadas con el sector: editores, distribuidores, tiendas, etc. Aquí, como en el caso anterior, la pena no hace justicia a la víctima.

Los casos comentados no animan a la fiesta, máxime cuando el contribuyente ve que sus impuestos no son aplicados con coherencia y eficacia. Así, ¿cómo vamos a brindar?
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(*) Si pinchas sobre lo subrayado y en negrita descubrirás otras lecturas.

jueves, 30 de diciembre de 2010

ASÍ NO PODEMOS BRINDAR (I)

En los último 3 años la luz ha subido el 43%

Sé que alguien me va a tachar de fatalista o, peor, de enfermo depresivo, consecuencia de los peleones avinagrados que despachan ahora en muchas tabernas de pueblo, con poca luz y de mala opinión. Pues no. Nada de eso. Mi estado de ánimo es alto y ahora mismo estoy encantado con una copa de la mejor selección de Laveguilla, obsequio de mi amigo Epi, director de La Cepa Alta, de Olivares de Duero. Que se sepa.

La cuestión es que Luís Balín, el protagonista de El Premio, me invitó a la entrega de galardones. Antes de ir a la ceremonia, quedamos en las dependencias de la cadena donde trabaja. Allí, viendo las cabeceras procedentes de las agencias de noticias, se me quitaron las ganas de brindar:

 La anunciada subida de la luz se une a otras anteriores, que en los últimos tres años suman la oscura barbaridad del 43%. ¡Vaya subida!

 La relación entre dirigentes catalanes y el gobierno central se aleja cada vez más del entendimiento deseable. Luego se cabrean porque los gallegos prefieren el Ribeiro.

 El sector inmobiliario, que sigue cayendo, llevará a la ruina a promotores, constructoras y bancos; estos, sin liquidez y convertidos en inmobiliarias, ofrecen panoramas peligrosos.

 La patronal, que dice haber perdido veinte millonazos de euros, quiere que los controladores aéreos paguen los pavos, las malas leches y los petardos de todos los gamberros del mundo. Los políticos, los que mandan y los otros, también tienen su culpa, pero no quieren entrar en el prorrateo del gasto. Así, para bailar con la más guapa, yo también quiero.

Las impresoras despacharon más noticias que tampoco animaban a brindar, pero se instalaron en mí, objeto de mis reflexiones. El próximo jueves las comentaré. Lo prometo.

jueves, 23 de diciembre de 2010

LE GUSTARÍA SER PERRO

Villancicos lejanos y olor a churros, que no se ve y nadie quiere compartir


Glori ha conseguido que Zacarías viva su vejez con dignidad en una buena residencia, pero él sufre con amargura la falta de los afectos que nunca tuvo. En estos días navideños espera desde el alba las caricias amorosas de un rayo de sol. Cuando surge el milagro se va al parque con andares trabajosos, enredados en una cadena de objetivos solitarios. Allí, al abrigaño de cualquier solana, entre los sauces desnudos, se recrea con la fauna aterida. Siempre le han gustado los animales de compañía, sobre todo los perros. Defiende que cada cual tenga los que quiera y les diga las lindezas más apetecidas, siempre, eso sí, que mascotas y amos no molesten.

Pero a Zacarías le llama a atención que cualquier chucho, en Nochebuena o en verano, da igual, reciba tantas atenciones: hablan con ellos, les ponen trajes surrealistas y los pasean por jardines, por el campo y por lugares postineros de entornos urbanos; les dan de comer exquisiteces, recogen sus excrementos y hasta los limpian con mimo.

A los viejos como él nadie les dice lo rebonitos que son, ni los acarician con tanto calor y no les limpian nada, ni los zapatos siquiera. A Zacarías le cabrea que, mientras los perritos van siempre tan bien acompañados, los ancianos tienen que conformarse con algún villancico lejano y el olor a churros prohibidos que nadie comparte. Echa de menos una palabra amable, generosa, cercana. Pero eso, aunque barato y posible, no llega a los que arrastran los pies y pueden tropezar con los desperdicios olvidados de cualquier animal con dueño distraído.

Zacarías ha confesado que, aunque sólo fuese por Navidad, le gustaría convertirse en perro para ser más amigo de los hombres. Viendo cómo está el mundo —dice— el hombre es poco amigo de sus semejantes, poco amigo de sí mismo.
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sábado, 30 de octubre de 2010

AISLADOS POR LA COMUNICACIÓN

Con cuarto de hora hay suficiente, pero gastamos cincuenta minutos pra decir lo mismo

Ayer me invitó a merendar Ezequiel, aquel mozalbete que llegó a Madrid dispuesto a comerse el mundo; desistió al ver cómo se relamían dos gatos ante un anuncio de sardinas. Y hoy mismo he almorzado con Clemente, otro amigo, que, gracias a beberse la vida, ha llegado a mayor. Sobra decir lo gozosas que son estas reuniones. No tienen nada que ver con la comunicación a distancia, que a veces tanto incomunica, por bien que saludemos la llegada del móvil, de internet y las tarifas planas.

Siendo esos inventos herramientas útiles, los personajes citados no acaban de aceptarlas en todas sus dimensiones. Aseguran que, lejos de facilitar la comunicación, nos apartan del mundo. Creo que tienen razón. Nadie me negará que el móvil, tan ligero, es una carga que nos impide disfrutar del entorno más próximo. Basta ver la cara de nuestras compañías cuando las ignoramos para atender llamadas a golpe del ruido de moda.

Con la informática nos ocurre lo mismo. Mantenemos durante horas relaciones sociales con habitantes del otro lado del mundo, que ni siquiera conocemos. Ufanos, novelamos nuestra vida como nos gustaría que fuese, sin pensar en la pesadilla que nos reserva la realidad, al mostrarnos cómo los más cercanos, sabiéndose abandonados, ya no están.

Y ¿qué decir de las tarifas planas? Aunque se nos presenten como soluciones económicas para nuestras conversaciones más sabrosas, también pueden desterrarnos al silencio. Con cuarto de hora tendríamos suficiente pero, como cuesta igual, gastamos cincuenta minutos para decir lo mismo. Cada vez hablamos más y tenemos menos tiempo para otras cosas; nos agobiamos, y acabamos aborreciendo el teléfono. Así nos aislamos, arriesgando amistades que no deberían acabar. Todo por usar mal los trebejos de la comunicación
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Alejandro2153@hotmail.com
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domingo, 3 de octubre de 2010

NO SE ENTIENDE

Gastamos más en organizar guerras que en garantizar la paz. No se entiende.

De todas las máquinas que sufren y viajan con nosotros, la mente humana es quizá la más compleja y la de más difícil reparación. Siendo el pensar algo inherente al ser humano, no siempre controlamos esa facultad. Vamos, que muchas veces no sabemos quienes somos ni nos entendemos a nosotros mismos. Sin ir más lejos,  Miguel Ángel, después de lo que le pasó con el coche en Una avería, dice que ya no se atreve a analizar su comportamiento ni el de cuantos le rodean.

Hay muchas cosas que nunca entenderemos. Por ejemplo, por qué somos tan individualistas y gastamos más en organizar guerras que en garantizar la paz. Menos mal que algunos países vecinos y amigos ya intercambian programas y trabajan en ello. Antes tuvieron que ver cómo reventaban las torres mejor cimentadas en la democracia más sólida.

No se entiende por qué los grandes grupos financieros y económicos solo piensan en ganar cada vez más. No les importa empobrecer a sus clientes hasta ponerles al borde del hambre. Están oxidando a la masa, a la máquina que produce y reinventa el mundo cada día. Pronto seremos pura chatarra. No sé si se entiende lo que digo, yo no entiendo lo que veo.

Tampoco podemos entender cómo, después de tantas luchas a las que se enfrentaron nuestros antepasados para reunificar territorios y condiciones sociales, los “salvapatrias” de turno, que solo se preocupan de la incubación de sus votos, se reúnen en torno a unos pinchos de bonito del norte, una butifarra y unas botellas de cava para repartirse la gran tarta del postre, según sus caprichos, sin pensar en la desigualdad que van a crear en un estado donde todos pretendemos los mismos derechos. ¿Entendéis algo? Yo tampoco. Bueno, sí: que estamos todos locos y nos han cerrado los manicomios.
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